La agresión como lenguaje común

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Hace unos días asistí a la presentación del libro “Crónicas de un antisistema” de mi amigo JM del Río. Aunque todavía no he tenido el placer de leerlo, la calidad de los textos a la que nos tiene acostumbrado este talentoso individuo anticipa una lectura prometedora. Solamente la palabra antisistema es digna de analizar. ¿Cómo se engendra un antisistema? ¿Cuáles son los ingredientes básicos del sistema? Represión, injusticia y desigualdad es lo primero que me viene a la cabeza. Ello desemboca en la violencia, la desconfianza, el odio, la suspicacia. La guerra. Reside en el campo morfogenético de la humanidad desde hace milenios, es decir, una especie de memoria colectiva compartida por todos nosotros. Es lo que hay y siempre habrá - así pensamos muchos de nosotros porque no hemos conocido otra cosa.

El otro día en la clase de teatro, a la que acudo semanalmente, se produjo una situación que me dio que pensar. La tarea que nos ocupa en las últimas semanas consiste en inventar una historia de ficción con su trama y personajes, para luego adaptarla a una representación teatral. En muchas, para no decir todas, de las propuestas presentadas por cada pareja, la violencia, el odio y la agresión estaban presentes de alguna u otra forma. Al finalizar la sesión la profesora no dudó en señalar lo tarados que estábamos todos. ¿Pero qué hay de anómalo en estar tarado si es lo único que aprendemos? Pararos a pensar por un instante en las situaciones diarias en las que se produzca algún tipo de violencia o agresión, ya sea sólo verbal o emocional. A mayor o menor escala, es el denominador común en la mayoría de las interacciones entre humanos y las que mantenemos con los seres vivos y ecosistemas del planeta. Estamos tan y tan acostumbrados que ni nos damos cuenta.

Me intriga tanto el asunto que últimamente he empezado a explorar la obra del sociólogo y psiquiatra alemán Dieter Duhm, cuya tesis principal coincide con la de muchos otros pensadores contemporáneos y pretéritos: mientras no nos quitemos de la cabeza que el mal reside en el ser humano, no habrá curación duradera del infierno en que se ha convertido el mundo hoy en día. Aquello de que el hombre es así por naturaleza o ha habido guerras desde siempre es una excusa tan derrotista como ignorante. La hegemonía del sexo masculino, la jerarquización de la sociedad en clases sociales, la diferenciación estigmatizante entre ser normal o no serlo, el egoísmo, entre los infinitos catalizadores de destrucción en el mundo a lo largo de la historia, son un gran malentendido, un error que todavía debemos subsanar cada uno de nosotros con nuestros pensamientos y creencias. No lo llevamos en los genes, lo hemos adquirido. La ciencia – la religión de los que dicen no creer en la religión – parece haber constatado a través de numerosos experimentos realizados con colectivos de personas que la verdadera fuerza motriz del ser humano es el amor y la cooperación.

¿Qué amor? ¿El de la películas románticas de Hollywood? Sí, ese también, pero yo me refiero al que alberga el reconocimiento de que el ser humano pertenece a una entidad de dimensiones mucho más grandes de lo que podría imaginar o cree saber con certeza. Esa entidad la conforman mares, montañas, plantas, animales y seres humanos. El latir del corazón de un recién nacido, el aletear de los peces en el mar, el verdor de los prados…todo ello forma parte de un ente indivisible. No es tarea fácil, pero entendiendo y aplicando esta ley universal e imperecedera seremos capaces de substituir la violencia por la sintonía, la colisión por la cooperación, la venganza por el perdón. Soslayándola, no hay sistema político, económico o moral, no hay Ada Colau, ni Pablo Iglesias ni Varoufakis que puedan curar el mundo de forma duradera. 

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Comments

Brillante descripción de lo que es la sociedad actual y el exceso de violencias que hay en todos los medios . Totalmente de acuerdo en que hay que recuperar La Paz , sobre todo en nuestras cabezas y mentes y así la protección al exterior y la imagen de futuro harán un mundo mejor y mas humano .
Gracias Robert por ayudarnos a tomar conciencia .

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